Si los precios energéticos caen ¿iremos a la deflación?

| julio 3, 2010 | 8 Comentarios

    Realmente el índice CRB de materias primas se está sosteniendo a duras penas por el apoyo que se está haciendo al petróleo y a la energía en general, aunque ya vemos como el Gas Natural apenas da señales de mejora, salvo vanos intentos por superar su mm30. Hace poco un broker conocido comentaba que esperaba un precio del petróleo en 100 para finales de año. Creo más bien que es un deseo más que el resultado de un análisis pormenorizado. Fijaos en los principales precios energéticos y cómo están cerca de romper soporte. Aún no han confirmado pero estas señales se repiten en otras materias primas importantes como el cobre.

    Una nueva caída de estos precios es más que probable que generen deflación, muy a pesar de los deseos de la FED y demás autoridades financieras. Sin duda tratarán de hacer lo máximo posible para evitarla. Una situación que no se producía desde 1933. ¿Estaremos preparados para una situación tan infrecuente como devastadora?

    El mercado está descontando este escenario. ¿Por qué? pues porque está ocurriendo algo que mencionaba en la radio y en algunos posts: -“El mercado cae con un precio del bono que sigue al alza”. Esta descorrelación no es en absoluto normal y no se producía desde que tengo memoria. Si además le sumamos el alza del petróleo y de otras divisas refugio, se están dando todos los condicionantes de una situación deflacionaria. Es curioso cómo el mercado lo está descontando de manera evidente, pero lo que más me llama la atención es precisamente que aún no hay deflación, vista como caída de precios en 2 semestres seguidos.

    Lógicamente para que esta situación se genere y se complete, falta una caída evidente de materias primas que hagan caer los precios. La manera más fácil de hacerlo es atacando a la baja las materias primas energéticas que son las que ponderan en un 40% el índice CRB de materias primas y los que más afectan a los precios de manera directa y rápida. Así pues, si esta situación se genera y sin duda el mercado la descuenta (caída de la bolsa, subida de precios del bono y escasez de liquidez en el mercado) la manera más fácil de aprovecharla consiste en abrir posiciones cortas en estos precios energéticos como Gasoleo o Petróleo o incluso la Gasolina RBOB. El oro debería seguir subiendo junto con las monedas cosideradas seguras como el franco suizo.

    Si suponemos que los mercados no caerán en la deflación o se hará todo lo posible para evitarla, entonces está claro que el oro estará generando una burbuja de grandes dimensiones mientras que el bono facilitará la elección de la bolsa como medio de inversión. Viendo los gráficos del petróleo y la correlación inversa de precio del bono y bolsa, me inclino a pensar que podríamos tener periodos deflacionarios, periodos por tanto muy negativos para todo lo que no sea Oro, Bonos y Cash. Ojalá me equivoque porque sin duda la deflación fue lo que marcó el crack del 29 antes de su estallido y durante su evolución.

    En conclusión, si el petróleo ligero cede los 69,00 dólares y la gasolina pierde los 1,900 comenzaría a tomar posiciones anti deflación, estando en liquidez o comprando bonos, comprando acciones del oro, comprando oro y vendiendo o poniendome corto en bolsa.

Categoría: Acciones de Bolsa

Comentarios (8)

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  1. Txema dice:

    Excelente informe Javier.

    Ya entiendo lo que dices tu y Spy, en relación a que en periodos de deflación, la evidencia no se comporta de igual forma. Pero cuando se considera que estamos en deflación. Existe algún parámetro que la mide o es un concepto menos concreto y mas relacionado con la caida de precios?.
    Tu comentas que dos semestres seguidos son suficientes para definirlo. En ese caso cada vez que indice CRB tenga dos semestres a la baja podemos considerarlo deflación?.

    Grqacias

  2. miguel dice:

    gracias javier pues estaremos en liquidez y seguiremos aprendiendo y disfrutando del verano.

  3. jalfayate dice:

    Hola Txema,

    El año pasado entramos en deflación pero fue en un semestre. Casi no se notó pero pasamor de puntillas. La subida del petróleo de última hora salvó la situación. Alguno dirá: “Bueno pues que los listos de la OPEP no produzcan más” claro! pero si no venden el petróleo como esperan, tienen que bajar los precios. Otro factor muy negativo para las materias primas ha sido el dólar, que ha estado subiendo. Alguien puede pensar entonces que el dólar sería bueno que bajara… puede ser, pero en su justa medida, como todo!

    Para mí deflación es caída de precios al consumo, es decir, caída de esa línea que he puesto en el último gráfico. Si esa deflación es pequeña, no se nota, pero ojo si comienza a profundizar, corre el riesgo de retroalimentar más caídas de precios, peligrando la economía. Se puede ver la deflación en este gráfico o directamente mirando las materias primas que más ponderan el CRB, en este caso la energía y los cereales. En el 95% una caída de estos precios se traslada a una caída en la inflación. En el 2002-2008 se produjo una subida en estas materias primas impresionante mientras que la inflación no subía demasiado (4-6%) lo que nos advertía de una burbuja. De todos modos esto lo estoy exponiendo en el segundo libro, así que espero que para Octubre yodo se entienda mejor.

    Un saludo!

  4. Antonio dice:

    Hace menos de dos meses leí en algún sitio que Trichet estaba preocupado por la inflación y que estaban haciendo todo lo posible por evitarla. Y no es para menos, con todo los billetes que se han impreso seguro que la maquina de hacer dinero esta que hecha humo.
    A decir verdad, todos los indicios que comentas dan como conclusión que estamos a las puertas de una deflación y la única duda que me asalta es saber que ha pasado con todo ese dinero que se supone se ha inyectado en el sistema. Es evidente que la inflación es la consecuencia del aumento de dinero en el mercado, pero después de todos los esfuerzos que se han hecho lo único que se percibe es una escasez de liquidez bestial. Que ha pasado con la pasta??
    Por otro lado, y sin tener mucha idea (por no decir que ninguna), ¿un periodo inflacionista no ayudaría al problema de la deuda de los estados?, además de joder otras cosas, claro.
    Me quedo con el apunte del oro, puede servir de cobertura a posiciones largas sobre otras materias primas (por lo que pueda pasar).

  5. Caballero dice:

    He de confesar que no compre tu primer libro, pues tenia el de Weinstein, pero estoy deseando leer tu segundo libro, creo que para los profanos, nos abrira un poco mas la mente.

  6. Alexc dice:

    Hola Javier,

    Parece ser, que ahora, Estados Unidos y Europa están tomando caminos distintos en cuanto al escenario macro. Por un lado, Estados Unidos, ha manifestado que lo importante es mantener el ritmo de crecimiento de la economía, mientras que en Europa, primará el control del deficit a costa del crecimiento.

    Mi pregunta es, en caso de deflación, que mercados estarán mejor preparados para soportarla y salir de la misma antes.

    Ya cuento los meses que quedan hasta Octubre para leer tu nuevo libro. Enhorabuena por tu trabajo.

    Un saludo

  7. jalfayate dice:

    Para Antonio:
    ¿Dónde está la pasta imprimida? Pues probablemente la tengan los bancos y algunos listos más. Se ha dado mucho dinero a cualquiera que lo pedía y ahora todos esos impagados deben sufragarse con dinero nuevo. De todos modos es muy curioso cómo a pesar de imprimir muchísimo dinero nuevo no consiguen recuperar la economía o les está costando. El precedente es Japón, tipos muy bajos y sin recuperar la econonmía, aunque claro, esa gente está casi en el pleno empleo.

    Para Caballero:
    Estoy bastante ocupado consiguiendo gráficos de otras épocas, precedentes al 1900 para explicar algunos detalles interesantes sobre ciclos, interrelaciones y sobre todo detalles de los bonos que antes se me escapaban. Creo que quedará un buen libro, nada parecido a lo que hay actualmente escrito por autores españoles.

    Para Alexc:
    Es la eterna cuestión entre monetarismo y keynesianismo.
    “Al considerar que el dinero es una parte de la riqueza de las personas se está suponiendo que éstas intentarán eliminar la diferencia entre la cantidad de dinero real (es decir, el dinero nominal dividido por el nivel general de precios) que tienen y la cantidad que quieren tener disponible, comprando o vendiendo activos y pasivos —por ejemplo, la adquisición de bonos— o cambiando el flujo de ingresos y gastos. Los keynesianos tienden a subrayar el primer método de ajuste, mientras que los primeros monetaristas destacan la importancia del segundo; los monetaristas actuales tienden a aceptar la validez de ambos métodos.

    Por tanto, la idea básica de la economía monetarista consiste en analizar en conjunto la demanda total de dinero y la oferta monetaria. Las autoridades económicas tienen capacidad y poder para fijar la oferta de dinero nominal (sin tener en cuenta los efectos de los precios) ya que controlan la cantidad que se imprime o acuña así como la creación de dinero bancario. Pero la gente toma decisiones sobre la cantidad de efectivo real que desea obtener. Veamos cómo se produce el ajuste entre oferta y demanda. Si, por ejemplo, se crea demasiado dinero, la gente intentará eliminar el exceso comprando bienes o activos (ya sean reales o financieros).”

    “Keynesianismo
    Los aspectos del pensamiento económico actual que llevan la impresión de las ideas de John M. Keynes son numerosos, pero su contribución principal, por la cual ha ejercido una influencia poderosa y duradera, consistió en la formulación del principio de la demanda efectiva. Con base en ese principio, Keynes concluye que el nivel de empleo y producción es determinado por la magnitud de la demanda agregada y que el Estado puede actuar sobre ésta por medio de instrumentos monetarios y fiscales a fin de alcanzar determinados objetivos de empleo y producción.

    La noción de la potencialidad o no neutralidad de la política monetaria y fiscal fue rápida y ampliamente aceptada en los ambientes políticos y académicos de los países capitalistas, donde el mantenimiento de aceptables niveles de empleo pasó a ser una responsabilidad de los gobiernos. Así, muchos de estos países adoptaron en los años 40 y 50 políticas económicas con el explícito objetivo de alcanzar el pleno empleo. Estas políticas, junto con las favorables condiciones objetivas de la posguerra, permitieron que los países capitalistas más industrializados eliminaran la desocupación masiva que caracterizó a los años 30 y se acercaran a las metas que se habían propuesto en materia de empleo.

    No obstante ello, la noción de no neutralidad de la política monetaria y fiscal continuó siendo el fundamento de la política económica, aunque ahora los objetivos de la regulación de la demanda global fue suavizar las fluctuaciones de la producción, el empleo y el nivel de precios. Estas llamadas políticas de estabilización, anticíclicas, compensatorias o de “ajustes finos”, fueron concebidas como contrapesos de las oscilaciones económicas espontáneas, que los keynesianos, en general, consideran inherentes a las economías de mercado. Así, por ejemplo, un descenso de la demanda debido al debilitamiento de la inversión privada podría ser compensado por medio de una adecuada expansión monetaria y/o fiscal; lo contrario, una contracción monetaria y/o fiscal podría ser un eficiente contrapeso de un fortalecimiento excesivo de la demanda agregada.

    “Cuestionamiento del keynesianismo
    Desde el principio existió una línea de oposición contra Keynes que cuestionó, desde diversos ángulos y con intensidad creciente, la validez de la interpretación keynesiana sobre el funcionamiento económico y de su corolario: la eficacia (y la necesidad) de una política económica orientada al mantenimiento de aceptables niveles de empleo y con capacidad para evitar las fluctuaciones violentas de la actividad económica. La existencia de este cuestionamiento ha dado lugar, durante más de cuatro décadas, a una intensa discusión de carácter teórico y empírico entre los partidarios de Keynes por un lado, y los defensores del principio prekeynesiano de neutralidad de las políticas de administración de la demanda por el otro. A este último grupo de economistas se les ha bautizado con el nombre de monetaristas y su representante más activo y prominente es Milton Friedman.

    La consecuencia práctica más importante de la amplia aceptación de las ideas de Keynes fue la de haber dado un impulso decisivo a la profundización del papel estratégico del Estado en la economía y la sociedad, tendencia que, por otra parte, se venía manifestando sin la ayuda de ningún pensador original.

    Para los monetaristas, oponerse al planteamiento keynesiano era un dictado de su presupuesto ideológico básico: el liberalismo, que no concibe la intervención estatal más que para garantizar la seguridad interna y externa del Estado, administrar justicia y realizar algunas obras públicas de infraestructura económica esenciales para el desenvolvimiento de la economía. En consecuencia, el mayor peso de la crítica al keynesianismo se enfocó a negar la validez del concepto de no neutralidad de la política de administración de la demanda.

    La crítica monetarista, que se inició con el ahora famoso discurso de Friedman en 1967 y que tiene su hito más reciente en los modelos de expectativas racionales, llega al corazón del problema planteado por Keynes. Como hemos tratado de demostrar, la política de administración de la demanda opera sobre el empleo en la medida que sea capaz de hacer sentir su ejercicio sobre los salarios reales y, en consecuencia, sobre las ganancias; sólo el estímulo de las ganancias es capaz de convencer a los empresarios de que ocupen a los desempleados. Y lo que dice este enfoque monetarista, en esencia, es que la administración de la demanda no puede alterar el nivel “natural” de desempleo porque, si bien el manejo monetario puede actuar sobre el nivel de precios, el rápido ajuste de las expectativas de los asalariados llevará a que éstos actúen sobre el nivel de los salarios nominales, evitando así la caída del salario real y el aumento de las ganancias.

    Keynes admitía de manera por demás explícita que si los salarios nominales crecen a la par que la demanda agregada, los cambios de esta sólo tienen efectos nominales. La diferencia radica en que Keynes, en 1936, creía que el caso en que los salarios crecen paso a paso con la demanda agregada es una situación extrema y poco probable, por lo que las políticas de regulación de la demanda gozaban de un margen de maniobra suficientemente amplio. Para los monetaristas, en cambio, este margen se ha tornado muy estrecho por la velocidad de ajuste de las anticipaciones; para los partidarios de las expectativas racionales el margen simplemente no existe.

    El mensaje monetarista, bien simple y nada novedoso, lo podemos sintetizar así: a pesar de la presencia distorsionante de la inflación, el precio de cualquier mercancía, el precio de la fuerza de trabajo en primer lugar, se rige por las condiciones de la oferta y la demanda a igual que el nivel del empleo y no hay nada que el Estado pueda hacer para alterar esta situación.

    El programa práctico que ofrece el monetarismo es enfrentar abiertamente a los trabajadores con el desempleo a fin de fracturar su capacidad de resistencia y desarticular los sindicatos. Luego, la fuerza del mercado, la fuerza del desempleo, sería el arbitro de la relación salario – ganancia. Lo paradójico de este programa es que si su parte destructiva tiene éxito, entonces el monetarismo habrá recreado las condiciones bajo las cuales será eficaz, de nueva cuenta, una administración keynesiana de la política económica. Es decir, se habrán reconstruido las condiciones de funcionamiento del mercado de trabajo que Keynes asume en el capítulo II de la Teoría General. J. M. Keynes debió enfrentar con su pensamiento (tengamos en cuenta que su principal obra La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero fue publicada en 1936) las consecuencias de la desocupación y la caída de la producción generalizadas en las economías industriales.

    Muy básicamente Keynes planteaba que dada la rigidez de los salarios para ajustarse a la baja, los sistemas económicos no tendían al equilibrio con pleno empleo. Proponiendo remediar esa situación con emisión y con un aumento del gasto público. Como reacción a esta idea, surge en la Universidad de Chicago la idea que los cambios en la cantidad de dinero son la causa esencial de las fluctuaciones económicas. Encontrando su origen en materia de ideas en los trabajos de Adam Smith.

    Los así llamados monetaristas le dan a la cantidad de dinero el rol fundamental, sosteniendo la creencia de que la oferta monetaria es el determinante clave de los movimientos a corto plazo de lo que un país produce y además del nivel de los precios en el largo plazo.

    La base de su razonamiento descansa en una serie de hipótesis, a saber:

    El mercado produce la mejor asignación de recursos. Ningún funcionario actuando discrecionalmente, puede obtener otro resultado que no sea una distorsión o una ineficiencia o un retraso en el desarrollo tecnológico.
    Nada afecta más a la eficiencia, que la inestabilidad en los precios (ya sea que se trate de inflación como de deflación).
    La economía sería estable, de no ser por las intervenciones de los gobiernos.
    Sólo reglas monetarias permanentes y estables hacen a una economía estable.
    Sólo reglas monetarias permanentes y estables crean expectativas favorables.
    Sólo reglas monetarias permanentes y estables impiden a los políticos las manipulaciones electorales.”

  8. jalfayate dice:

    Así pues, ¿Monetarismo o Keinesianismo? Me quedo con una mezcla de los dos. El gobierno tiene y debe tomar cartas en la economía, no la puede dejar al libre albedrío porque entonces puede llegar a generar grandes burbujas como la de la década de los 20. Un mercado insostenible al alza.

    Sin embargo, la economía debe ir a su aire una vez las reglas están marcadas encima de la mesa. Los competidores más débiles desaparecen pero sin poner en cuestión el sistema económico. El salvamento de bancos y países son algunas de las normas básicas para evitar el colapso.

    ¿Qué sistema es mejor para los tiempos actuales o para un entorno peligroso y deflacionario? Para mí el que tiene unas reglas de juego. Si dejas que la máquina de la economía funcione, podrá hacerlo muy bien sin nadie que la vigile, pero al final acaba yendo demasiado rápido y si no se vigila acaba parándose en seco. Un operario supervisando la máquina puede que no consiga la máxima velocidad pero sin duda alguna logrará que no se pare por completo.

    Los bancos centrales siempre han luchado o por el crecimiento o por el control de precios. Y lo cierto es que se pueden obtener los mismos resultados reales: alto crecimiento con alta inflación es lo mismo que crecimiento moderado con inflación controlada, pero si la base de una economía predecible es la estabilidad de precios, sin duda es mejor la segunda teoría de organizar la economía y por tanto la rama Keynesiana.

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